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Los vampiros vienen matando!

2 de Octubre de 2009 Clarin ^^

Peligrosos y seductores, son un fenómeno también en la TV Los protagonistas la serie "True Blood" y su creador, Alan Ball, hablan del fanatismo que generan, sobre todo en las adolescentes. Tras el éxito cinematográfico de "Crepúsculo", ahora se viene, en la pantalla chica, "Diarios de vampiros".


Charlaine Harris escribió hasta el momento nueve libros sobre Sookie Stackhouse, una camarera que puede leer mentes en una ciudad plagada de vampiros. Sin embargo la audiencia femenina de True Blood, la serie de TV basada en las aventuras de Sookie (HBO, domingos a las 22), terminó dividida en dos bandos, detrás de los dos vampiros que pueden pelear por su amor: el elegante Bill y el maldito Eric.

En el último episodio de la segunda temporada, Eric le confiesa a la reina de los vampiros (Rachel Evan Wood) su interés por Sookie (Anna Paquin), mientras Bill le ofrece directamente su corazón a la protagonista. El triángulo queda planteado para la tercera temporada, en la que se prevé que entre en escena también un hombre lobo, como en Luna nueva, la secuela de Crepúsculo, película que hizo mundialmente famoso al vampiro Edward y al actor británico Robert Pattinson, a quien se ve muy incómodo teniendo que cargar con las fans pegajosas que lo corren por la calle para pedirle un mordisco.

"Es increíble, pero a mí también me pasa. Las fans primero quieren posar tímidamente con vos, digamos en la cola del supermercado, y luego se animan a ofrecerte el cuello", le dice entre carcajadas Stephen Moyer (Bill) a Clarín en Los Angeles. Moyer, británico también, tiene 39 años y su postura ante la fama que pueden darte unos colmillos de utilería es mucha más relajada que la de Pattinson, de tiernos 23.

Los "vampirófilos" pueden quedarse tranquilos, porque aunque ahora se acaba True Blood y hay que esperar hasta el año que viene para la tercera temporada, el jueves 22 (a las 21) Warner Channel estrena The Vampire Diaries, una historia más juvenil basada en otra ciudad ficticia, Mystic Falls, y que se centra en dos hermanos vampiros, Stefan y Damon Salvatore, uno bueno y otro malo, enamorados de la misma colegiala de 18 años.


Esta fascinación con los vampiros no es nueva. Moyer y Alan Ball, el creador de True Blood, sugieren que es cíclica y que tal vez este reverdecer del fenómeno tiene que ver con George W. Bush. "Nos chupó ocho años hasta dejarnos secos", ironiza Ball. "No es sólo Bush, hay otros políticos en el mundo tan chupasangres como lo fue él, gente que se alimenta de nuestra energía", sostiene Moyer, aunque él cree que es el romanticismo de estos inmortales victorianos lo que seduce a sus seguidores.

Ha habido otros vampiros fascinantes antes. El actor sueco Alexander Skarsgard, el malo de True Blood, dice haberse alimentado, para su papel, de las versiones de Bela Lugosi, de Klaus Kinski en Nosferatu, y de la de Gary Oldman en el Drácula de Stocker. Pero si hay que pensar en vampiros hot como los de ahora, viene fácilmente a la cabeza el recuerdo de David Boreneaz como Angel, el vampiro de Buffy, la cazavampiros, pero especialmente los de Tom Cruise y Brad Pitt en Entrevista con el vampiro, la película de 1994 basada en una famosa novela de Anne Rice.



Moyer piensa que Bill Compton, su vampiro de 173 años, es una versión aggiornada de la de Cruise, aquel melancólico Lestat. "Me inspiran los vampiros góticos, nostálgicos, oscuros, mundanos. Creo que eso es lo que atrae a las mujeres a estas historias, la idea romántica del hombre con poderes sobrenaturales que puede fascinarte con el pensamiento y hacer que el suelo se mueva a tus pies".

Skarsgard cree que la fama de "chico malo" de su vampiro Eric lo hace aún más atractivo. "No es que mi vampiro es malo, tiene muchas capas, ya irán viendo en las próximas temporadas que también puede ser sensible, aunque generalmente le importa un bledo su prójimo. Hay algo en esa maldad intrínseca que lo hace interesante, no lo puedo negar, aunque yo trato de darle todos los condimentos de alguien que ha vivido por centurias", asegura el actor que se precia, como Moyer, de venir de una cultura de teatro.

Nadie en True Blood, mucho menos Sookie Stackhouse o su alter ego Anna Paquin, han leído los populares libros de la saga de Crepúsculo, que lleva recaudados casi 250 millones en la taquilla mundial y amenaza con romper todos los records con el estreno de Luna nueva, previsto para noviembre.

"Son historias muy juveniles, si tuviera 16 años quizás sería fan, pero tengo 26 y necesito nutrirme en otro tipo de lecturas", asegura Paquin, quien obligada a teñirse de rubia para interpretar a Sookie no puede entender por qué todos la miran diferente ahora que tiene otro color de pelo. "Piensan que soy estúpida, como manda el estereotipo", se enoja. Moyer, su pareja también en la vida real desde que se enamoraron filmando el piloto de la serie, debe teñirse al revés, ya que él es rubio pero su vampiro es morocho.

Alan Ball, que antes de escribir y producir esta sexy ficción de vampiros fue el creador de Six Feet Under, dice que fueron en principio los libros de Charlaine Harris sobre las aventuras de Sookie los que lo atrajeron. "Llegué temprano a una cita con el dentista, me fui a la librería y algo me hizo comprar uno de sus libros. Estaba terminando Six Feet Under y pensaba que no iba a querer hacer más televisión, pero enseguida me di cuenta de que la historia de Sookie era muy televisiva.

Para Ball los vampiros de True Blood son una metáfora de la discriminación en la sociedad, especialmente la que reciben las minorías, ya sea raciales o por razones de elección sexual. "Hay una atracción sexual implícita en el acto del vampirismo, que conlleva penetrar la piel e intercambiar fluidos corporales. Creo que en la época victoriana, cuando Bram Stocker escribió Drácula (1897) el sexo estaba oculto, y esa fue su gran manera de abordar el tema. Es una mitología, uno puede fantasear con ser tomado por esta criatura sobrenatural, como una metáfora de entregarse y perder el control, ¡cómo no va a tener sex appeal!".


True Blood, dice Ball, tiene todos los condimentos de un buen programa televisivo: es sexy, inteligente, divertido, dinámico y mete miedo. A diferencia de Stephenie Meyer, la autora de Crepúsculo, que visita el set de las versiones cinematográficas de su saga y opina al respecto, la creadora de Sookie Stackhouse, le entregó toda su libertad creativa a Ball, porque dice saber que va a tratar con respeto a sus criaturas. La autora de The Vampire Diaries, L.J. Smith, es mucho más pragmática. Vendió los derechos televisivos de sus cuatro libros y ni se toma el trabajo de ver cómo tratan o maltratan su obra literaria ya que se jacta de no poseer un televisor: "Yo leo, no miro tevé". Rodeada de vampiros, ha encontrado la excusa perfecta para no hacerse mala sangre.

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